Cora Indians, wearing colorful demon masks, take a part in a procession during the sacred ritual ceremony of Semana Santa (Holy Week) in Jesús María, Nayarit, Mexico, 22 April 2011. The annual week-long Easter festivity (called “La Judea”), performed in the rugged mountain country of Sierra del Nayar, merges indigenous tradition (agricultural cycle and the regeneration of life worshipping) and animistic beliefs with the Christian dogma. Each year in the spring, the Cora villages are taken over by hundreds of wildly running men. Painted all over their semi-naked bodies, fighting ritual battles with wooden swords and dancing crazily, they perform demons (the evil) that metaphorically chase Jesus Christ, kill him, but finally fail due to his resurrection. La Judea, the Holy Week sacred spectacle, represents the most truthful expression of the Coras' culture, religiosity and identity.

Náayarite es el nombre que se da a sí mismos los indígenas coras y a partir de ese término, se bautizó la gran región en la que hanitan: “El gran Nayar”. El grupo cora tiene un nombre muy antiguo y una historia muy peculiar. Por lo lejano de sus tierras y por la rebeldía de su carácter, permanecieron ajenos al poder virreinal hasta 1722 ( más de 200 años después de la conquista de México- Tenochtitlán) y cuando fueron conquistados y evangelizados, quedaron quedaron bajo la potestad de los frailes jesuitas a quienes la corona española expulsó de la Nueva España.

Los Franciscanos que suplieron a los Jesuitas en la labor de enseñar la religión católica a los coras, no pudieron eliminar nunca los pensamientos antiguos de este grupo y esto explica porqué a través de los siglos la religiosidad profunda de los coras ha subsistido mucho más que la de otros grupos indígenas y se manifiesta hasta nuestros días, apenas disfrazada con matices cristianos.

Uno de los festejos que marca para los coras un momento fundamental en el año, es la llamada “Judea” que se lleva a cabo en los días de la semana santa y que forma parte de un largo ciclo ritual que comienza en diciembre con el nacimiento de cristo.

Más allá de la coincidencia un tanto forzada, con el ciclo conmemorativo católico, la religiosidad de los coras se centra en la ruta del sol, que cambia su posición en el  firmamento a través de los días que transcurren entre las celebraciones de diciembre y las de semana santa: las primeras están relacionadas con el solsticio de invierno y las segundas se desarrollan en la luna llena posterior al equinoccio de primavera cuando el sol está en su plenitud.

Para los coras las danzas y rituales que llevan a cabo en los días que van del miércoles de semana santa al sábado de gloria, son fundamentales para la  conservación del astro celeste y de todo el origen del uiverso y por ello realizan puntualmente ese largo y complejo ceremonial.

La mayor parte de los varones del pueblo se “borran”  lo cual significa que se transformen mediante pintura corporal y adornos simbólicos en guerreros astrales divididos en dos bandos: los judíos negros y los judíos blancos, estos personajes poco tienen que ver con los judío bíblicos, si no que más bien están relacionados con imágenes de la profunda cosmología cora.

Otros hombres asumen el papel de “apóstolos”  “variceros” y hay “malinches”. Sin duda alguna, una celebración soprendentemente interesante.

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